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Crisis y mercado laboral

Crisis y mercado laboral

Vivimos una crisis sin precedentes. Es necesario actuar contra la misma. Son dos axiomas, dos postulados, incuestionables. Lo cuestionable es cómo actuamos. Llama la atención que haya quien intente, en estos momentos, aprovechar la crisis para precarizar más el empleo. Es lo que pretenden tanto los patronos de la CEOE como su punta de lanza en la patronal madrileña. Han cogido la perra de que para arreglar la crisis hay que actuar sobre el mercado de trabajo. Pero el mercado de trabajo ni ha sido la causa ni es determinante para la solución a esta crisis.

Con este mercado de trabajo España creció aceleradamente a lo largo de los últimos años. No ha sido el mercado de trabajo lo que ha quebrado. Ha sido un modelo especulativo en las finanzas y en lo inmobiliario, el abuso empresarial, la inflación de beneficios, la avaricia sin límites, lo que ha quebrado la economía mundial.

Así las cosas, es suicida que los empresarios, atenazados por el miedo al futuro, se atrincheren en las recetas caducas del neoliberalismo. Despidos baratos, despidos y regulaciones de empleo sin control, bajadas de impuestos que reduzcan aún más las ya mermadas arcas públicas, reducción de cotizaciones sociales que desestabilizarían el sistema de pensiones, congelaciones salariales que deterioran aún más la capacidad de consumo y deterioraran la demanda, destruyendo más empleo.

Proponen un contrato anticrisis con una indemnización por despido de 8 días por año durante los dos primeros años y de 20 días a partir del tercer año. Pero el despido en España es ya muy barato.

En Europa la temporalidad afecta al 10 por ciento de los trabajadores. En España al 25 por ciento. No renovar a estos trabajadores el contrato es un despido barato con 8 días de indemnización por año trabajado. El 55 por ciento de los despidos se produce con esta fórmula muy barata. El 35 por ciento de los despidos son declarados improcedentes por los jueces, es decir son despidos sin causas objetivas que los justifiquen. Estos son los que tienen una indemnización de 45 días por año. Pero reitero, son despidos sin causa justificable. Porque si hay causas objetivas como la desaparición del puesto de trabajo, los problemas económicos o un expediente de regulación de empleo, la indemnización es de 20 días por año con un máximo de doce mensualidades.

El despido no es caro y aún menos si tomamos en cuenta que el Fondo de Garantías Salarial, cubre el 40 por ciento del coste de despido objetivo en ERE y empresas de menos de 25 trabajadores, además de apoyar económicamente el despido en casos de insolvencia de la empresas.

En España el despido es libre en el caso de los trabajadores temporales y hasta si un trabajador fijo es despedido de forma improcedente, queda en manos del empresario readmitirlo o no. En Francia o Alemania es el juez quien decide si vuelve o no a su puesto de trabajo, además de que los representantes de los trabajadores tienen amplias potestades en el proceso previo a la resolución del magistrado. En Italia o Suecia es el trabajador quien decide si se reincorpora o no a su puesto de trabajo.

En Europa, a diferencia de España, el empleo se protege, el despido tiene que tener siempre causas objetivas, la temporalidad es muy baja y la protección por desempleo es mayor y más larga. Que no nos vengan Gerardo Díaz Ferrán y Arturo Fernández, presidentes de CEOE y CEIM, con mentiras como que con más temporalidad y despidos, ya libres, pero aún más baratos, ellos crearán más empleo.

Si quieren que hablemos de Europa, su empleo y sus despidos, vemos las cartas. Si quieren que hablemos de China, su precariedad y falta de derechos, no hay más que hablar.

Porque el verdadero problema es que tenemos una economía poco productiva y muy especulativa, cuya capacidad de competir se sustenta en bajos costes laborales, tanto en salarios, como en despidos, como en derechos de los trabajadores.

Sólo abordando un cambio de modelo productivo y, por lo tanto, de cultura empresarial, podemos afrontar los retos del futuro. Ser competitivos por invertir más, ser más innovadores, aportar más calidad, es la clave para salir de esta crisis. Eso exige apostar por la estabilidad, calidad y cualificación del empleo y no todo lo contrario.

Javier López

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