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Un paro del 25% no tiene solución

Un paro del 25% no tiene solución

Que el Gobierno no les engañe; un paro que afecta a uno de cuatro españoles en edad de trabajar no tiene solución. No hay crecimiento económico capaz de reincorporar a los cinco millones de desempleados “oficiales” de la ministra del Paro, Fátima Báñez, que la Encuesta de Población Activa (EPA), verdadero indicador de la situación, aproximará a los seis. Y si miento, que explique cómo van a generarse tantos puestos de trabajo para los que lo perdieron y los que se irán sumando si, además, la edad de jubilación se ha retrasado hasta los 67 años.

Digan lo que digan nuestros políticos, no les hagan caso, porque venden humo. La mayoría de las personas que han perdido su puesto de trabajo desde que comenzó la crisis en 2008 no lo van a recuperar. Los mayores de 50 años (o tal vez también los de 45 años) están amortizados. Los despidieron porque tras años de esfuerzo habían conseguido un salario digno que ahora les ha hecho prescindibles. Por el mismo dinero hoy se puede contratar a dos o tres desesperados mucho más jóvenes.

Tampoco hay ni va a haber trabajo para el 50% de jóvenes que engrosan las listas del paro. Los que carecen de formación sólo pueden aspirar a un trabajo temporal cada vez más inestable, y a un salario de subsistencia. Tampoco tienen futuro los jóvenes mejor formados, condenados a emigrar (y aún así lo tendrán difícil) o ponerse a la cola con los anteriores. Este país no tiene futuro. No pretendo ser apocalíptico, ni sumirles en la desesperanza, sólo les sugiero que empleen el sentido común y no se dejen engañar por los cantos de sirena, los finales de túnel y los brotes verdes del Gobierno.

La situación es cada mes más desoladora y la realidad se encarga de rebatir semana tras semana las predicciones de Mariano Rajoy y sus mariachis. Este Gobierno tiene talento de sobra para hacer declaraciones estúpidas, pero las de Fátima Báñez, ministra del Paro, son, además, indecentes. La titular del Ministerio del Desempleo suma estulticia tras estulticia cada vez que abre la boca; insulta al sentido común y a los parados. “Es un mal dato”, dijo el lunes al conocerse que noviembre ha sumado 74.296 parados más. ¿Cabe mayor simpleza? ¿Cómo puede despachar de semejante manera lo que para muchas familias es una condena a la pobreza, como primer paso hacia la exclusión social?

Dice lo mismo todo los meses, es reincidente, aunque hay ocasiones en que se supera. En los primeros días de noviembre, al conocerse la cifra del paro de octubre (entonces récord, ahora superado por la de noviembre) dijo que España estaba “saliendo de la crisis”, y días después aseguró que se estaban viendo ya “señales esperanzadoras”. ¿Cómo se puede ser tan obscena?

En lugar de tanta palabrería debería explicar qué soluciones tiene, qué planes proponen ella y su Gobierno para acabar con esta lacra. Decir, como hace cada vez que le ponen un micrófono delante, que los resultados de los recortes se verán más adelante, que la reforma laboral va a dar sus frutos, es mentir, porque no está sirviendo para otra cosa que expulsar trabajadores del mercado laboral ¿Cuándo va a dar resultado?, porque hay gente que empieza ya a buscar en la basura algo que llevarse a la boca; gente que lo ha perdido todo y se ha quedado en la calle; gente desesperada que no tiene una esperanza a la que agarrarse.

Los recortes, dice la ministra del Paro, son “duros pero inevitables”, y se están haciendo “con sensibilidad”. La “sensibilidad” que ha pedido a los empresarios para que apliquen la reforma laboral, que ha disparado los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE). Los trabajadores de Telemadrid y los de Iberia, por referirme a dos conflictos graves, ¿van ser despedidos con sensibilidad? Explíquese, porque no hay quien entienda cómo se hace esto. Sus palabras son groseras.

Fátima Báñez es la ministra que primero manda a los trabajadores al paro y después los acusa de ser “presuntos defraudadores sistemáticos”, de estar viviendo de la sopa boba del Estado, de no buscar trabajo porque se está mejor en casa sin hacer nada. La ministra que ha recortado la prestación por desempleo; la ministra que ha autorizado el despido libre y barato (20 días por año trabajado hasta un máximo de una anualidad), pero que disfrutará de una indemnización del 80% de su salario durante dos años cuando deje el cargo. La ministra que anuncia planes contra el fraude fiscal de los trabajadores autónomos, cuando sabe que el 70% corresponde a las grandes fortunas y grandes empresas, mientras su Gobierno amnistía a defraudadores y delincuentes para que afloren el dinero negro que tienen escondido, sin preocuparse de si procede del tráfico de drogas, o de personas, o del crimen organizado.

Como no solo es ministra del Paro, sino que lo es también de la Inseguridad Social, el pasado miércoles intentó convencernos de que los pensionistas no van a perder poder adquisitivo pese a que su Gobierno no vaya a revalorizarlas con el IPC, como estaba obligado a hacer. Sin contar con la subida del IVA, ni el 10% que tienen que pagar del precio de sus medicinas, ni la amenaza del euro por receta. "Los pensionistas -dijo en el Congreso- van a valorar la responsabilidad del Gobierno". Que baje a la calle y pregunte.

Carlos Fonseca para El Confidencial

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